Ecuador: Sarayaku, un grito por la vida



http://www.lainsignia.org/2003/diciembre/econ_014.htm




Alberto Acosta
Diario Hoy. Ecuador, 10 de diciembre.





Un grupo de seres humanos, en el corazón de la Amazonía, lucha por su
existencia. Hombres y mujeres, de todas las edades, cercados por la
voracidad del capital lanzan un grito desesperado (incluso por Internet
www.sarayaku.com). Petroleros, militares y miembros de otras comunidades
sobornados por el dinero, han tendido un cerco alrededor de una zona llena
de vida. La compañía argentina CGC y sus socios Burlington y Perenco,
contando con la complicidad del gobierno del presidente-coronel Lucio
Gutiérrez y con el apoyo de los uniformados, se aprestan a entrar en
Sarayaku para continuar con la exploración del hidrocarburo, de donde
salieron por la acción de la comunidad. Para hacerlo -recurriendo al
falsario discurso de que se actúa en defensa de 12 millones de ecuatorianos-
desconocen el derecho a la vida de este pueblo kichwa del Pastaza, que
cuenta con el reconocimiento oficial de sus territorios desde 1992 y que ha
demostrado, por cientos de años, su capacidad para ser sostenible.
Como producto de gestiones cupulares entre funcionarios de instituciones
financieras internacionales, miembros del gobierno y representantes de las
transnacionales, sin que les importe un bledo la mayor destrucción ambiental
y social en la Amazonía, la decisión está tomada: el incremento de la
producción de petróleo les es indispensable (para seguir pagando la deuda
externa, financiar la dolarización y enriquecerse cada vez más). En su afán
utilizan todos los medios a su alcance. La consulta previa a las poblaciones
afectadas no cuenta para nada en la práctica; el discurso de los consensos
es un argumento propagandístico y no una opción para que las comunidades
indígenas puedan hacer valer sus razones. Los objetivos últimos no se
discuten. Y si su "seguridad jurídica" no funciona, los complotados recurren
al soborno y a la represión, como sucedió hace un par de días cuando unas
quince personas de Sarayaku fueron detenidas y brutalmente maltratadas, e
incluso amedrentadas con disparos, por expresar su descontento ante la
entrada de la CGC.

Los pueblos amazónicos, testigos de la destrucción que causó la Texaco en el
nororiente ecuatoriano, reinvindican su derecho a ser considerados como
ciudadanos y no simplemente como parte de una vida silvestre que puede ser
indemnizada o manipulada. Concientes de que su existencia depende en su
totalidad de la selva, proponen respuestas propias para sostener las
condiciones materiales y espirituales orientadas a construir y mantener el
"buen vivir", su "vida armónica", que en idioma kichwa se conoce como "alli
káusai" o "súmac káusai". Apelan a sus propios sistemas de producción,
educación, salud y energía sostenibles. Saben que, a nombre de una supuesta
modernidad y bienestar, basados en la acumulación material de bienes, se
minan los patrones estructurales de la vida social y cultural de sus
sociedades (y de la humanidad entera), al aniquilar sus bases de
subsistencia, sus capacidades y sus conocimientos, en suma sus posibilidades
para resolver autónomamente sus necesidades. Basta revisar los efectos de la
actividad petrolera en los territorios amazónicos, para entender y apoyar el
grito de Sarayaku: ¡Si quieren nuestra selva, nos tendrán que arrancar con
ella!