Brasile: la parola magica e' protezionismo



La palabra mágica: PROTECCIONISMO.
Alfredo J. Gonçalves

Cada momento tiene su palabra mágica.  Examinando las páginas de los
periódicos, por estos días, tropezaba a cada instante con la palabra
proteccionismo.  Parece ser la palabra del momento.  Primero, el
gobierno de los Estados Unidos aprobó un subsidio de 70 mil millones
de dólares a la agricultura de aquel país; después, vino la reacción
de algunos gobiernos, entre ellos el brasileño, el cual, además, ya se
venía indisponiendo con el asunto del acero y antes de eso también,
con el enredo de la Embraer (Empresa Brasileña de Aeronáutica) y
Canadá; luego enseguida, el FMI, el BM y la OMC, en un tono sombrío,
alertan por el riesgo de una nueva ola de proteccionismo.  Los países
de Europa, a su vez, no se quedan atrás en términos de proteger sus
economías en detrimento del liberalismo económico.

Se abrió una vez más, la flagrante contradicción del sistema
neoliberal, especialmente en la versión defendida con uñas y dientes
por el gobierno de Bush.  ¿Cómo puede él, al mismo tiempo, proponer el
Área de Libre Comercio de las Américas y practicar el proteccionismo?

La respuesta es más simple de lo que se pudiera pensar; libre
comercio, sí, desde fuera de casa, en el patio de otros; dentro de
casa, es preciso proteger nuestra economía! Los intereses de las
empresas norteamericanas están por encima de cualquier acuerdo, aunque
éste sea defendido por nada menos que el gobierno de los Estados
Unidos.

Todo eso señala el camino del ALCA.  Los productos, tecnología y
servicios norte-americanos tendrán libre circulación por los países de
todo el continente, mas esta será prácticamente de una sola vía.  Los
productos del sur encontrarán fuertes barreras para transitar en el
reino del norte.  O sea, Brasil y sus vecinos serán inundados por las
bisuterías y bienes superfluos propios del consumismo del Primer
Mundo, pero tendrán enormes dificultades para vender allá afuera su
producción.

El juego está lanzado, los competidores están en el campo, las reglas
son afinadas por los tecnócratas de cada país.  En total son 34
jugadores, que, en todo el continente, representan un mercado nada
despreciable de 800 millones de personas, con un Producto Interno
Bruto de 11 billones de dólares.  Desde 1994, en la primera Cumbre de
las Américas, realizada en Miami, los acuerdos están siendo
negociados.

Pero la competencia se revela extrema-damente desleal.  La disparidad
entre los compañeros es tal que es un eufemismo hablar de negociación.
¿Cómo puede el lobo entrar en acuerdo con el cordero?

Cualquier competición entre fuerzas tan desiguales tiende,
naturalmente, a fortalecer a los más poderosos y debilitar a los
pequeños.  Entre la más poderosa economía del planeta, los Estados
Unidos, y las economías fragilizadas de los países latinoamericanos,
es imposible hablar de "libre comercio".  Y mucho menos de  soberanía
nacional!

Más que de libertad de actores en el campo, lo que se dibuja en el
escenario es una verdadera anexión de los países del sur al bloque del
norte.  El imperio apunta a expandir su poder económico al continente
entero.  Extiende sus tentáculos en una política agresiva de
neocolonización, mientras que, para el interior de sus fronteras,
implementa una política de descarado proteccionismo.  El mismo
proteccionismo que pretende negar a los otros "compañeros".  De ahí la
insistencia del Plebiscito: Soberanía sí, ALCA no.

ALAI-AMLATINA, 22/05/02, Brasilia.



Nello

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